Viajes3 chicas te cuentan cómo es irse a otro país sin casa ni trabajo fijo
Seguro que alguna vez te pasó: ves a algún conocido que decidió largar todo y está viajando por lugares increíbles y pensás: “Ojalá pudiera hacerlo yo”.

OJITO, porque como poder, podrías. Te vamos a contar qué necesitas con estos tres testimonios de personas que pensaron lo mismo, y se animaron a hacerlo.

Lucía — Viviendo actualmente en México

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Lucía tomó la decisión a los 28 y con un proyecto puntual: “Inicialmente me fui para encontrar trabajo de lo que estudié (producción audiovisual) a la ciudad de México. Hacía 7 años que trabajaba en el estado y estaba cansada, aburrida y sin un proyecto concreto”.

Maia: Sin destino fijo y sin fecha de regreso.

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No es la primera vez que Maia Upstein (27) viaja, pero si la primera que lo hace sin pasaje de vuelta: desde marzo está recorriendo el mundo y ya pasó (entre muchos otros) por Rusia, Londres, y Milán.

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“Me fui porque el cuerpo me pasó factura. Soy docente y amo mi trabajo, pero el ritmo de Buenos Aires, por más que me encante, es insostenible. Decidí irme porque quiero tener una vida profesional larga, quiero llegar a los 60 y seguir amando a mis alumnos, seguir enseñando con la misma pasión con la que lo hago ahora. Si seguía a ese ritmo, a los 30 me quemaba”.

Magalí : Vivió un año en China, recorrió Asia y volvió a Buenos Aires.

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Magali Tobal se fue por amor: cuando a los 11 meses de conocer a (su ahora marido, entonces novio) Gabriel, le ofrecieron una pasantía en Shanghai, ella decidió acompañarlo. “Lo más importante fue que todo esto me enseñó a vivir de manera más improvisada y que la planificación está buena pero no siempre podemos estar preparados para todo ni controlar lo que va a pasar

Tomar la decisión ☝

Maia: Lo primero que hice fue hablarlo en terapia. Saqué uno de esos pasajes baratos en agosto para irme en marzo y de ahí en más fue todo más fácil.

Maga: Llevó una preparación más psicológica que material. En cuanto a los ahorros, estuve juntando por dos años para hacer un viaje (no tan largo como finalmente resultó).

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Los preparativos

Maia: Saqué el pasaporte europeo, y todos los meses compraba algunos euros. Sabía que con la guita que tenía, no llegaba a viajar un año, y pensé dónde me gustaría quedarme a trabajar.

Lucía: En el trabajo me tomé los 2 meses de vacaciones acumuladas por si todo salía mal y me tenía que volver pero dejé la carta de renuncia firmada, la cual por suerte fue entregada.

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Lo que dejé

Maia: Vivía en el departamento de un familiar y quería dejarlo vacío para que se alquilara rápido, así que me tomé unas semanas en el verano para vender todas mis cosas. Lo único que me queda cuando vuelva son libros, las cosas que compré en todos mis otros viajes y unas 400 fotos.

Maga: Tuve que entender que dejar el trabajo, la facultad, mis amigos, para irme a vivir a la otra punta del mundo (donde no conocía a nadie), no era tan grave. El problema fue que lo entendí estando allá.

Lucía: El contrato del departamento en el que vivía se terminaba justo en la fecha en la que planeaba viajar, así que vendí o regalé casi todo. Me hice un colchón de ahorros para estar tranquila en caso de que me pase algo o de no tener trabajo por un tiempo.

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Lo que me esperaba allá

Maia: Antes de irme me aseguré de tener lugar donde quedarme las primeras dos semanas de viaje, armé un perfil en Workaway y mandé mensajes por todos lados pero no me fui con nada seguro. El resto se dio solo.

Maga: Una vez que llegamos teníamos plata para alquilar y vivir por 2 meses sin trabajar (el viaje en total era de 7 meses), por lo que nos vimos obligados a conseguir casa y trabajo a contrarreloj pero todo salió bien.

Lucía: A las 3 semanas de llegar me di cuenta de que la ciudad no me gustaba y no necesariamente quería trabajar de lo “mío”, así que me fui para Playa del Carmen a ver qué onda porque no conocía el caribe y al segundo día ya había conseguido trabajo y me terminé instalando.

Luego mi amiga siguió rumbo por otro lado. Trabajo en bares como mesera y como bartender en fiestas. Mi plan es seguir viajando por México haciendo voluntariados en hostels, granjas o casas en construcción para aprender a hacer cosas nuevas.

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Expectativas vs. realidad ⚖

Maia: Llegué al Reino Unido con poca guita y ganas de trabajar. Encontré trabajo en dos días como recepcionista, cobré el primer sueldo y me fui. Ahorré de todas las maneras posibles: hice dedo, couchsurfing, comí sanguches del supermercado más barato todos los días. La realidad de viajar es acostumbrarse a la libertad absoluta. Todas las decisiones las tomo yo, y si no me muevo, las cosas no pasan.

Maga: Primero me imaginaba perdidísima y sentía que no iba a poder acostumbrarme ni tolerar el cambio. Otras veces imaginaba que al irme a un país desarrollado, la cuestión económica iba a ser más fácil y me chocó al principio que no lo fuera. Pero como todo, tampoco fue imposible. Casi cuando estábamos a punto de quemar todos nuestros ahorros los dos conseguimos trabajo. Trabajé como recepcionista en una multinacional, di clases de danzas y realicé un doblaje en español para un parque de diversiones.

Lucía: Mi viaje empezó con un objetivo muy claro en cuanto a trabajo y vivienda y terminó siendo algo totalmente distinto a lo que tenía en mente. Jamás imaginé estar sola en otro país trabajando en cosas nuevas, sin un tiempo de estadía fijo y si bien a veces me come la ansiedad, está buenísimo. Según mi experiencia la realidad superó a las expectativas por completo, desde que llegué no hice más que cruzarme con gente buena y generosa que me dio una mano en lo que pudo siempre.

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Pega la vuelta ????

Maia: No me costó darme cuenta de que mi vida está en Argentina. Admiro a los que pueden meter todo en una valija y armar la vida en otro lado; yo no podría, ni quiero tampoco. En ningún momento me planteé no volver. Estaba abierta a todas las posibilidades, pero mi vida, mi familia y mis amigos están en Argentina y es irremplazable.

Maga: Volví para terminar la universidad y siempre elegiría volver por el humor y la calidez de nuestra cultura. Además, acá es donde están mis seres queridos y eso es lo más importante para mi. También me impactó que en muchos lugares la sociedad está muy controlada y no hay libertad de expresión o de elección y no me imagino viviendo en un lugar así.

Lucía: Volvería un mes o dos a visitar a amigos, familia porque estoy empezando a extrañar bastante, pero solo para recargar energías, armar mejor el bolso y volver a irme. Siento que desperté después de mucho tiempo y entendí que yo sola puedo sobrevivir en cualquier parte del mundo, así que me queda mucho por recorrer.

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Consejos

Maia: Irse es un cambio de estado, nada más. El primer consejo es que pongan fechas: la rutina se te mete tan adentro que no te imaginás estar un día afuera. El mundo no para cuando te vas, y pueden pasar cosas importantes que te estés perdiendo (la gente se recibe, se muda, se casa, se muere). Pero si esperás el momento perfecto, no existe.

Maga: Dejate sorprender por el mundo y disfrutalo. Que nada es tan grave, lo peor que te puede pasar es tener que volver y sigue sin ser grave. El hecho de conocer personas y costumbres tan diferentes, ayuda a que abramos la cabeza y seamos más respetuosos y tolerantes frente a las diferencias.

Lucía: Primero tratá de ahorrar lo más que puedas. Después, no tengas miedo, que hay un lugar para todos en cualquier parte, en el camino recibís y das ayuda constantemente y ese intercambio es el que hace que todo funcione.