Negocios4 chic@s te cuentan en qué gastan y cómo se les va la guita todos los meses 💸

No es fácil pasar de la adolescencia a la adultez y hacerse cargo de las decisiones sobre la propia vida.

Hay gastos, gustos y necesidades básicas que hay que bancar. Y hoy por hoy, como está la cosa para los sub-30, no es fácil llegar a fin de mes.

Embed

Para intentar echar algo de luz sobre esta etapa, UNO habló con 4 jóvenes menores de 30 años para que nos cuenten cómo se las ingenian para llevar su economía diaria a buen puerto.

No todos son iguales, claro. Por las razones que sean, algunos tienen mayores facilidades en la vida. Otros, menos. Algunos viven con los padres y otros tienen que patinarla en un alquiler.

Luciana, Yamila, Julián y Pilar tienen historias bien distintas.

Conocélas.

Luciana (23 años, CABA)

Embed

Ella estudia Comunicación Social en la UBA. Vive con su familia en el barrio de Mataderos y trabaja como administrativa.

Embed
“Gasto en cosas diarias y en ropa, zapatos, regalos y salir, como ir al cine, al teatro y a veces voy a recitales”, cuenta.

Luciana no gana mucho: $ 7.000. Y gasta entre $ 300 y $ 500 por salida.

Pero, como no tiene que aportar en la casa (el padre tiene un empleo técnico en una multinacional, la madre dejó de trabajar cuando tuvo su primera hija), tiene la posibilidad de juntar para las vacaciones.

Embed
“Recibo la ayuda de mis viejos si necesito algo muy caro o si tengo que comprar apuntes para la facu”, nos dice.

Lu agrega que le gustaría “juntar para las próximas vacaciones”. Por ahora no lo hace porque, al menos hasta este año en el que consiguió su primer trabajo, siempre se fue con los padres.

Yamila (28 años, Rafael Calzada)

10798

Comparte terreno –pero no casa- con su madre, en Rafael Calzada (sur del conurbano bonaerense).

Tiene una nena de 8 años y un varón de 3, y convive con su pareja y padre de ambos chicos.

Ella, por ahora, no trabaja y estudia para ser maestra de educación primaria.

Embed
“El que trabaja es mi marido [no están legalmente casados], hace trabajos de herrería y encadenados de hormigón [es una estructura que se arma cuando hay que levantar una pared]”, relata.

Él consigue -normalmente- los trabajos por Facebook. Sin embargo, cuando hablamos con ella, él estaba por empezar a trabajar en relación de dependencia.

Los cuatro viven, por ahora, con unos ingresos que varían entre los $ 7.000 y los $ 10.000.

“Con mi vieja compartimos los gastos de luz, gas y teléfono”, dice Yami.

“Dos veces al año, al inicio de clases y a fin de año, le compramos ropa a los chicos”, suma.

Todos los meses, la mayor parte de la plata se va en pagar tarjetas de créditos, los celulares y la comida.

Y, una vez por mes, salen a tomar algo a un bar cerca de su casa o llevan a los chicos a “un McDonald’s” pero –aclara- “no todos los meses”.

Al cine no van mucho: si les alcanza, ella va con su hija, o su pareja va solo.

No lo específica pero está claro: ir todos juntos a ver una peli es un gasto demasiado grande.

Julián (28 años, San Isidro)

Él gana $18.500 mensuales en su trabajo en el sector de la comunicación institucional.

El problema son las inmobiliarias.

Gran parte de su sueldo se va en pagar el alquiler que comparte con su hermana en San Isidro, en el norte del conurbano.

Alquiler, expensas y servicios”, enumera.

El resto se va en comida, viáticos y salidas con su novia.

Entre los servicios cuenta la luz, el gas, el teléfono fijo y el celular. También internet.

Cuando se le pregunta cuánta plata se le va en las salidas, los viáticos y regalos, dice no llevar la cuenta.

“Si la llevara nos pondríamos todos a llorar acá mismo”, argumenta, certero.

Embed
“¿Te imaginas una vida sin inmobiliarias?”, pregunta, al terminar la charla, casi de manera retórica…

Sí, nos imaginamos.

Embed

Pilar (22 años, CABA)

Ella vive en Almagro (CABA) y –al igual que Luciana- vive con los padres.

Gracias a ellos (él es gerente de la una gran empresa que la entrevistada prefiere no nombrar), suele viajar al exterior una o dos veces por año.

Como casi todo lo pagan los padres, los $ 10.000 que gana como asistente de cuentas en una consultora de Marketing (es licenciada en Relaciones Públicas), los está “ahorrando para un viaje”.

Hasta que se decidió a juntar este dinero, sus gastos mensuales típicos incluían medicina prepaga, celular, gimnasio, ropa y salidas.

Y al final… ¿qué descubrimos?

Los casos retratados no constituyen una muestra representativa pero dejan entrever que lo que define cómo uno afronta los gastos diarios es si debe pagar, o no, un alquiler.

Como ya sospechábamos, lo que nos separa de la felicidad son las inmobiliarias y -también- haber o no conseguido un buen (primer) laburo.